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La Fiesta de las Cabañas

De Todas las fiestas del calendario hebreo, hay tres que tienen una particularidad en común, y ellas son: Pésaj, Shavuot y Sucot. A estas fiestas se las conoce como los shalosh regalim (las tres fiestas de peregrinación), pues en ellas se cumplía la obligación de ascender hacia la ciudad de Ierushalaim en las épocas en las que el Templo Sagrado estaba en pie.

Estas tres fiestas, que en su origen están relacionadas con sucesos históricos determinados, tienen también una estrecha relación con las distintas etapas del trabajo de la tierra. Por ejemplo: en la fiesta de Pesaj - que siempre cae en la época de la primavera - recordamos la salida de la tierra de Egipto, y en la fiesta de Shavuot - época en la que se cosecha el producto del campo - recordamos la entrega de la Torá en el Monte Sinai. Pero, ¿qué recordamos en la fiesta de Sucot?

¿Cabañas o Nubes de Gloria?

Cuando la Torá nos ordena acerca de la fiesta de Sucot nos dice:

"Habló D'os a Moshé diciendo: Habla a los hijos de Israel diciendo: En el día quince del séptimo mes, éste, es la fiesta de las cabañas, siete días ante D'os... En las cabañas habitarán siete días, toda persona de Israel habitará en las cabañas. Para que sepa vuestra descendencia que en cabañas He hecho habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto, Yo soy vuestro D'os" (Vaikrá -Levítico- 23:33-34, 42-43).

Nuestra Sagrada Torá dice claramente que la razón de esta fiesta es recordarnos que cuando salimos de Egipto D'os hizo para nosotros cabañas. Pero, ¿de qué cabañas estamos hablando? Además, ¿Por qué D'os tenía que hacernos cabañas? ¿Es que nosotros no podíamos haberlas hecho por nuestra propia cuenta? Un acercamiento a la respuesta lo encontramos en las palabras de Nuestros Sabios - de bendita memoria, en el Talmud:

"'Para que sepa vuestra descendencia que en cabañas He hecho habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto'. Nubes de gloria eran - dice Rabí Eliézer, Rabí Akivá dice: cabañas de verdad hicieron para ellos" (Sucá 11b).

De acuerdo con la opinión de Rabí Eliézer que dice que la Torá está haciendo referencia a las "nubes de gloria", es fácil comprender por qué la Torá dijo que D'os nos hizo habitar en cabañas cuando salimos de Egipto, ya que realmente nosotros nunca hubiéramos podido hacer esas "cabañas" por nosotros mismos. Pero por otro lado, Rabí Eliézer no nos explicó dónde está insinuado en la Torá que aquí estamos hablando de nubes de gloria, y quien interprete que cuando la Torá habló de cabañas estaba haciendo referencia a las nubes de gloria, aparentemente se está alejando bastante de una comprensión literal del versículo.

Pero en verdad esto no es así. El Rambán (Rabí Moshé Ben Najmán, 1194 - 1270) nos explica que por cuanto que la Torá ya había dicho al final del libro de Shemot (Éxodo 40:38) que la nube de D'os estaba sobre ellos durante el día así como la columna de fuego por la noche, la Torá no tuvo necesidad de explicar en detalle a qué cabañas se estaba refiriendo y por eso dijo simplemente que en cabañas D'os hizo habitar a los hijos de Israel, pues las nubes de gloria tomaron la forma de cabañas para protejerlos a ellos del calor y del sol.

Entonces, de acuerdo con la opinión de Rabí Eliézer podemos decir que para recordar la protección que D'os nos brindó mediante las anané hacavod (las nubes de gloria), la Torá nos ordenó construir algo que también nos proteja del calor y del sol, así como lo hacían aquellas nubes, es decir, cabañas.

Ahora bien. Si tomáramos en cuenta la opinión de Rabí Akivá que dice que cabañas de verdad hicieron para ellos, también deberemos esforzarnos en entender bien su explicación, pues a pesar de que él entendió más literalmente el lenguaje del versículo que dice: "Para que sepa vuestra descendencia que en cabañas;", de todas formas, ¿cómo explicará Rabí Akivá las palabras: "He hecho habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto" , que expresan la idea de que D'os nos hizo habitar en cabañas al sacarnos de Egipto, sin que nosotros las hayamos construido?

Pero la respuesta que podría ofrecernos Rabí Akivá la encontramos en las palabras del famoso comentarista de la Torá llamado Rashbam (Rabí Shemuel Ben Meir, 1085 - 1174). Él explica que la verdadera intención de la Torá es decirnos que debemos vivir en cabañas durante los días de la fiesta de Sucot, "Para que sepa vuestra descendencia que en cabañas He hecho habitar - en un desierto inhóspito - a los hijos de Israel - durante cuarenta años - cuando los saqué de la tierra de Egipto".

El Rashbam no entendió que el versículo quiere decir que D'os construyó para ellos cabañas cuando los sacó de Egipto, sino que gracias a Su infinita misericordia, D'os los ayudó a ellos para que puedan habitar ese gran desierto durante cuarenta años, a pesar de que las condiciones eran adversas. ¿Y por qué debemos recordar esto viviendo en cabañas? Pues allí ellos también vivieron en cabañas.

Un Tiempo Para Agradecer

Además, nuestra fiesta tiene relación con la finalización de la recolección de toda la producción del campo, es decir, con el momento en el que se la almacenaba, y en estos días de la fiesta de Sucot debemos pensar en toda la benevolencia que tuvo y tiene nuestro Creador con nosotros.

Desde el Sucot pasado hemos disfrutado de Su bendición en el campo de lo económico, pues a pesar de que tal vez no nos fue tan bien como esperábamos, realmente hemos tenido la parnasá (sustento) necesaria para alimentarnos y obtener todas nuestras necesidades vitales. Es por eso que en la fiesta de Sucot debemos empequeñecernos y salir del lugar más seguro que tenemos, es decir nuestro hogar, para vivir durante los días de la fiesta en una sucá (cabaña). De esta manera expresamos la idea de que toda nuestra seguridad está basada en Él, y no en nuestro poder económico o en nuestro esfuerzo para conseguir las cosas.

Cuando salimos de un lugar tan protegido de vientos, frío, calor y lluvias, para entrar a la sucá, experimentamos una sensación de inseguridad, nos sentimos indefensos y desprotegidos, y es en ese preciso momento que debemos recordar a D'os, pues Él es la verdadera fuente de tranquilidad, en todos los aspectos de nuestra vida.

La Razón de la Seguridad

Pero además de todo lo explicado anteriormente, en la fiesta de Sucot, también podemos encontrar una interesante insinuación si prestáramos atención al hecho de que hace pocos días, en Iom Kipur, hemos sido juzgados y D'os perdonó todos nuestros pecados porque vió nuestro arrepentimiento.

Se puede decir que cuando nosotros abandonamos nuestras casas y salimos a la sucá para vivir en ella a la intemperie durante algunos días, estamos mostrando de alguna manera, que hasta ahora nos escondimos en nuestras casas porque estábamos llenos de pecados y teníamos miedo de las consecuencias de los mismos, pero ahora que ya hemos sido perdonados, podemos salir de nuestras casas sin miedo alguno. Y realmente esta idea también está insinuada en Nuestra Sagrada Torá.

A partir del capítulo 32 del libro de Bereshit (Génesis), la Torá nos cuenta acerca del regreso de nuestro patriarca Iaacov a la tierra de Israel. Iaacov se había escapado de la casa de sus padres y de su tierra, pues su hermano Esav lo quería matar por haber tomado sus bendiciones, y ahora el reencuentro con su hermano Esav, ocurría después de que Iaacov Avinu había vivido bastantes años con su tió Labán.

Después del reencuentro, Esav le pidió que fueran juntos hacia el mismo lugar, pero Iaacov le explicó que eso le era imposible, pues él tenía niños pequeños y también ganado que debía cuidar, y por eso él debería viajar lentamente. Entonces dice la Torá que Iaacov le pidió a su hermano Esav que se adelante, pero luego dice la Torá: "Retornó en ese día Esav a su camino, hacia Seir. Mas Iaacov fue hacia Sucot·" (Bereshit -Génesis- 33:16-17). A pesar de que en sus palabras Iaacov Avinu le insinuó su hermano Esav que él iría al mismo lugar que él, pero sin viajar juntos, inesperadamente vemos que Iaacov no siguió el camino de su hermano Esav, sino que se fue por otro rumbo.

Este episodio se puede interpretar de la siguiente manera: Esav simboliza al iétzer hará (instinto del mal) y nuestro patriarca Iaacov simboliza a todo el pueblo de Israel. Además, Seir - el nombre del lugar hacia donde fue Esav - significa en hebreo: "chivo" y alude al chivo expiatorio que se enviaba en Iom Kipur a un lugar en el desierto llamado Azazel. Mediante este ritual D'os perdonaba los pecados de los hijos de Israel, como explica la Torá en el libro de Vaikrá (Levítico) capítulo 18.

Después de que el instinto del mal - representado por Esav - ve que el chivo fue enviado al desierto, ya no denuncia más los pecados de los hijos de Israel porque piensa que ellos enviaron un sacrificio a otros dioses, y los abandona a ellos regresando a su lugar en el desierto, ("Retornó en ese día Esav a su camino, hacia Seir"). Entonces, cuando el pueblo de Israel - representado por Iaacov - ve que el instinto del mal los abandonó, salen a la sucá demostrando así que ya no temen por los pecados cometidos ("Mas Iaacov fue hacia Sucot"). (Basado en los libros "Tzeror Hamor" y "Sifté Cohén").

La Alegría de la Fiesta de Sucot

La Torá nos insinuó que en la fiesta de Sucot debemos sentir más alegría que en el resto de las festividades. A pesar de que en todas las festividades (Pésaj, Shavuot y Sucot) tenemos la obligación de alegrarnos - como lo legisló el Rambam (Rabí Moshé Ben Maimón, 1135 - 1204) en su "Séfer Hamitzvot", encontramos que cuando la Torá habla de las fiestas de Pésaj y Shavuot, aparece una sola vez la idea de alegrarse, en cambio, al hablar de Sucot, la Torá menciona la palabra alegría en tres oportunidades: "Y se alegrarán delante de Hashem, vuestro D'os, siete días" (Vaikrá -Levítico- 23:40), "Y te alegrarás en tu fiesta" (Devarim -Deuteronomio- 16:14), y por último: "Y estarás solamente alegre" (Devarim 16:15).

Pero esta diferenciación no la encontramos solamente en las palabras de la Torá, porque también vemos que Nuestros Sabios, de bendita memoria, solamente a la fiesta de Sucot la llamaron como: "zemán simjaténu" (el tiempo de nuestra alegría), y podemos entender de todo esto, que en todas las mitzvot que deben ser cumplidas en la fiesta de Sucot resalta la alegría como característica esencial. Sin embargo, debemos entender por qué hay más alegría en la fiesta de Sucot que en el resto de las fiestas de nuestro calendario.

Evidentemente, uno de los motivos es la alegría por los bienes materiales. El hombre que poseía un campo había llegado al momento de poder almacenar toda su cosecha, y esa abundancia causaba en él un sentimiento de agradecimiento y tranquilidad que lo preparaba para celebrar.

Por otro lado, una alegría espiritual también llenaba su corazón. Sólo algunos días atrás él vivió el período de Rosh Hashaná e Iom Kipur, que representaron para él momentos de profunda reflexión, arrepentimiento y purificación, al haber observado el servicio especial del Cohén Gadol (Sumo Sacerdote) en el Templo Sagrado, y sintió una profunda elevación espiritual delante del Creador.

Vemos entonces, que la interrelación entre la alegría material y espiritual es una pauta básica para el entendimiento de la festividad de Sucot y de los significativos contenidos de sus mitzvot.

La fiesta de Sucot representa la protección de D'os sobre el pueblo de Israel, que al salir de la tierra de Egipto - al comienzo de la primavera - los protegió del calor y del sol. Es por eso que los Sabios se preguntan: "¿Por qué Sucot se festeja al comienzo del otoño (en el hemisferio norte), si sería más lógico pensar que su celebración tendría que tener lugar inmediatamente después de la fiesta de Pésaj, en la que recordamos la salida de Egipto?".

La respuesta a esta pregunta se enmarca dentro de una idea central: el pueblo judío anhela el cumplimiento de las mitzvot y mediante ellas ve y siente su realización personal. Sucot se celebra al finalizar el verano comenzando casi la época de las lluvias, para señalar que su cumplimiento no está entremezclado con intereses personales, como podría ser el buscar un poco de sombra y aire fresco en los agradables días de la primavera. Debemos salir de nuestra casa y morar en la sucá para representar nuestra voluntad de unirnos a D'os, incluso bajo circunstancias climáticas adversas.

Es precisamente la posibilidad de alcanzar este anhelo de cumplir las mitzvot, lo que lleva al hombre a encontrarse consigo mismo, haciéndole sentir una profunda alegría. Es tanto el deseo de reencontrarse consigo mismo, que el hombre es capaz de enfrentarse a situaciones incómodas, ya que este reencuentro lo lleva a sentirse unido al Creador.

Otra manifestación del reencuentro con uno mismo, y por consiguiente, con el Creador, la encontramos en el Talmud (Sucá 53a) al leer que en la fiesta de Sucot: "algunos de ellos decían: feliz es nuestra niñez que no avergüenza a nuestra vejez - estos son los piadosos y las personas responsables. Otros decían: feliz es nuestra vejez que renegó de nuestra niñez - estos son los que han hecho teshuvá (se han arrepentido)". Es increíble que tales pensamientos ocupaban sus mentes, y tanto unos como otros aconsejaban el reencuentro con ellos mismos.

También el hecho de tomar las cuatro especies (lulav, aravá, hadás y etrog) representan un deseo interno de reencontrarse con D'os, y así lo explica el autor del "Séfer Hajinuj" (Barcelona, siglo XIII), cuando dice que estas cuatro especies nos recuerdan que toda alegría personal debemos dirigirla al Creador, ya que ellas alegran el corazón del que las ve.

Es por eso que Nuestros Sabios llamaron a la fiesta de Sucot: "el tiempo de nuestra alegría", enfatizando que la alegría es "nuestra", al reencontrarnos con nosotros mismos. Y por otro lado, esta clase de alegría es particular al pueblo de Israel y no se asemeja a la de los otros pueblos: es "nuestra" alegría poder cumplir con la voluntad de D'os.

CONTENIDO SUPERVISADO POR EL RABINO SALOMON YABRA - DIRECTOR DE LECAREB LEBABOT
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