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Perasha Nasó

 

“Ilumine el Eterno su rostro hacia ti y te agracie” (Números VI-25), es necesario la iluminación divina para que sepamos como educar a nuestros hijos y que destino dar a nuestra riqueza.

Nuestros sabios, se plantean el siguiente interrogante: Si el Iehudí bendice a Di-s, aunque solo tenga para ingerir una comida que equivale al peso de una aceituna, más aún habrá que bendecir a Di-s, si tiene una comida del peso de un huevo, que es mucho mayor. ¿Qué es lo que nos quiere decir la Hagadá cuando agrega que también bendicen por una medida mayor? El Gaón de Vilna, Rabí Eliahu, de bendita memoria, responde a este interrogante: “Es sabido que la medida de un huevo contiene tres veces las medida de una aceituna, agregando el “Zohar”, que ella es algo mayor.

De acuerdo al “Rambam” (Maimónides), la medida de tres huevos es considerada suficiente para satisfacer el hambre de un hombre corriente, por lo que luego, debe bendecir al Eterno por mandato de la Torá”. La severidad del judío consigo mismo consistía, en que cuando poseía la comida mínima para satisfacer su hambre, la compartía con diez personas, quedándose él con con una comida del tamaño de una aceituna, glorificando de esta forma el nombre del Eterno.

Y si era una comida de la medida de un huevo, lo repartía entre tres, honrando siempre a Di-s, pues es sabido, que cuando son tres los comensales se recita en la bendición común: “Bendito Sea El que de lo Suyo comemos y por Su bondad vivimos”, más cuando son diez, se agrega el nombre de Di-s y se bendice: “Bendito Sea nuestro Di-s, que de lo Suyo comemos y por Su bondad vivimos”. Si el Iehudí es capaz de repartir su único bocado entre tres o diez, porque quiere así glorificar el Nombre del Eterno, merece ser distinguido por Di-s y que alce Su rostro hacia él y le otorgue la paz.

El “dar”, realiza el prodigio único de unir a dos seres en una fusión maravillosa, donde cada uno siente a su compañero como a sí mismo, palpita las necesidades del prójimo como las suyas. Al respecto el Rab Miskin comentó lo siguiente: El dinero es el medio del que se vale el hombre para realmente entregarse, pues es el símbolo de lo propio; No en vano Damin (dinero) tiene en hebreo dos acepciones, dinero y sangre. Cuando el hombre dona, lo hace para sí, materializando su entrega, la cual es también un ser corpóreo y se manifiesta a través de símbolos concretos, sin embargo cuando falta la encarnación de sus intenciones en afirmaciones físicas, el hombre no se realiza plenamente.

 
Rab Salomón Yabra - Director de Lecareb Lebabot
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