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Perasha Mishpatim

 

Cuando niña, mi mujer frecuentemente le pedía a su padre que le comprase una mascota. Y ella siempre recibía la misma respuesta: "¿Para qué necesitas una mascota? Tienes hermanos!".

¿Qué es lo que mi suegro estaba diciendo?

¿Por qué tomarse el tiempo de cuidar a un animal, cuando los seres humanos - creados a imagen de D'os - pueden ser el centro de nuestra atención? Esto no significa que el judaísmo sea "anti-animal". De hecho, la Torá prohibe causar dolor a los animales, e incluso prohibe sentarse a comer hasta que nuestros animales hayan sido alimentados! Y por supuesto, cazar por deporte es un pasatiempo muy raro entre los judíos.

El perro en particular juega un rol prominente en el saber judío. La palabra en hebreo para perro es "kelev", y puede ser traducida como "cerca del corazón" - una referencia a la lealtad y compañerismo que los perros tienen frecuentemente por sus dueños. Y aquí hay algunas otras referencias caninas:

La tradición judía dice que los perros pueden ser viciosos; el Talmud dice que los perros solían ayudar a cuidar el límite norte de Israel.

Los Sabios dicen que los perros (por los menos en tiempos pretéritos) poseían un sexto sentido, y sabían incluso cuándo el "ángel de la muerte" había llegado a la ciudad.

En los Profetas hay muchas referencias de personas comparadas a un "perro muerto" - indicando así a un individuo bajo, no merecedor de atención especial.

El perro también está mencionado en la parashá de la semana. La Torá, al hablar sobre varias leyes rituales, dice: "No deberán comer la carne de un animal que fue despedazado en el campo, al perro deberán tirársela" (22:30).

Comer la carne de un animal casher que ha sido matado por un animal salvaje es considerado un acto detestable. La Torá sólo permite la consumición de carne de un animal que ha sido matado mediante el ritual de la "shejitá", el cual causa al animal el mínimo dolor.

Pero ¿por qué la Torá señala al perro para que sea el recipiente de un cadáver no casher?

El Midrash recuerda otra mención respecto de los perros: en Éxodo 11:7, al hablar de la salida de Egipto, D'os promete que en el éxodo ni siquiera un perro ladrará…". Y Rashí (Francia, s. XI) nota que nuestro versículo nos enseña cómo los culpables finalmente recibirán su castigo, así como los justos recibirán su recompensa.

Puesto que los perros se quedaron en silencio durante el éxodo de Egipto - permitiendo a los judíos salir sin ningún disturbio - entonces D'os recompensó a los perros declarando que la carne de animales que no hayan sido matados mediante la shejitá debía ser dada a ellos. Rashí dice que si el Creador recompensa así estas acciones de los animales, ciertamente Él recompensará las acciones humanas.

Pero esto no es todo. El próximo versículo (23:1) dice: "No cuenten un falso reporte". ¿Cuál es la conexión? En la tradición judía, un perro que ladra y gruñe es el símbolo de alguien que habla "lashón hará" (chusmerío) sobre otros.

El Talmud dice que la yuxtaposición de estos dos versículos no es accidental. Aquel que "cuenta un falso reporte" (incluso chusmerío que pueda ser "verdad"), ha ensuciado y despreciado el regalo del habla, y por ende, pertenece al grupo de los molestos perros gruñones.

 
Rab Salomón Yabra - Director de Lecareb Lebabot
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