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Perasha Matot

 

Rectos de corazón y humildes de alma, formaban las filas de los ejércitos de Israel. Si para ganar la paz se requiere de hombres ilustrados, justos y pacíficos, para ganar realmente una guerra, se necesitan, aún más, hombres de esta categoría, no debiendo confiar un arma en manos de gente vana y necia.

Cuando este ejército ejemplar retornaba triunfalmente del campo de batalla, no lo esperaba gloria ni honores, cada soldado cumplió con pena y dolor su deber, cada muerte le angustió y torturó como si fuese la propia o la de su hermano, cada flecha que se clavaba en el pecho de su adversario lo laceraba como si se hubiera clavado en su propio pecho. Los soldados no fueron recibidos con vitores y homenajes, pero sí con penitencia y expiación; Moisés les ordena: "Y acampad vosotros fuera del campamento, siete días, todos que habéis matado persona y los que habéis tocado un muerto; Os purificaréis en el día tercero y en el día séptimo..."

La guerra contamina sadismo y crueldad, y por ello el soldado judío, debía purificarse durante siete días; purificarse de acuerdo a su verdadera concepción, significa expiar y penar. Y por qué precisamente el día tercero y el día séptimo? .

El séptimo por el hombre y el tercero por las cosas, porque el hombre puede devastar lo que D's Creó desde el tercer día en adelante, pero no tiene poder para asolar la Creación anterior al tercer día, ella está en manos de D's.

Estos eran los soldados del ejército de Israel, cuales querían expiar por la tentación que vencieron. Soldados de esta naturaleza, son una bendición en la guerra, pero más aún lo son, en la paz.

 
Rab Salomón Yabra - Director de Lecareb Lebabot
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