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Perasha Mas'e

 

Comenta el Talmud en el tratado de Guitín: "La sangre del profeta Zacarías asesinado por sus contemporáneos, bullía en el lugar donde cayó muerto. Nebusaradán, jefe de los degolladores, siervo de Nabuconodosor rey de Babilonia, encontró esta sangre bullente junto al altar del Templo, cuando Jerusalem fue conquistada por las huestes que mandaba".

Esta hagadá nos lega un mensaje sombrío pero muy aleccionador; La sangre de las víctimas inocentes hierve y se agita continuamente, la responsabilidad de ello le cabe a todos, no importa en qué tiempo ni en qué lugar fue derramada, la culpabilidad comienza por los responsables de administrar justicia y termina por las inocentes criaturas, porque la tierra no puede soportar el peso de la iniquidad.

El justo e inocente, es el chivo expiatorio del mundo con su sangre, clama la sangre bullente de los asesinados por la barbarie que quedaron impunes. El justo debe callar, sino el mundo será asolado por la ira Divina, como tuvo que callar el profeta Zacarías ante la amenaza de Nebusaradán y como tuvo que callar Rabí Ishmael ante la amenaza del pérfido imperio Romano.

El mundo siguió su marcha, pero tanto Babilonia como Roma, fueron aniquilados en un torrente de sangre y fuego, cuando su maldad colmó la medida y llenó el cáliz de sangre de víctimas inocentes. En la hora de la verdad, el Eterno recordará a todas las víctimas inocentes, desde Abel, hasta el último inmolado de nuestros días, porque D-os perdona pero no olvida.

 
Rab Salomón Yabra - Director de Lecareb Lebabot
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